La ubicación geográfica y las características naturales de Sierra Bermeja han jugado un papel decisivo en el sur de la península ibérica. Por una parte, su altura, proximidad al mar y situación geográfica le han dado un protagonismo clave en algunos momentos de su historia, tanto como hito para la navegación desde antiguo, como en la rebelión mudéjar de 1501 o con la importante red de vías pecuarias que vertebran su territorio, que ejerce de colosal barrera montañosa entre el litoral occidental malagueño y el Valle del Genal. Por otro lado, sus escarpadas pendientes, la alta pedregosidad del suelo y la toxicidad del mismo han conllevado un absoluto vacío poblacional que contrasta con el importante aprovechamiento de los recursos que la montaña ha propiciado, fundamentalmente mineros (hierro y cobre entre los siglos XVII y XIX) y forestales, con los extensos pinares maderables que suministraban a los astilleros cercanos del Campo de Gibraltar en el siglo XVIII, como fuente energética vegetal durante la temprana metalurgia andaluza, o con la resina que suministraron estos pinos a la Unión Resinera Española hasta mediados del siglo XX, entre otros.

El carácter repulsivo de Sierra Bermeja a la presencia humana ha sido el garante de su conservación. Una introducción a los usos antrópicos que se conocen, desde la perspectiva de la Arqueología y la Etnografía, es el objeto de un artículo publicado en el Anuario de Estudios de Ronda y la Serranía (Takurunna, “Sierra Bermeja. Una visión desde la arqueología y los usos tradicionales del monte”, Martos Martín et al. 2008) en su número doble 6-7 publicado a finales de 2017; el ejemplar puede adquirirse en papel a través de la Editorial La Serranía o descargarse en versión PDF en este enlace.