No todos los días existe la posibilidad de ser testigos de un evento que aglutine a su vez varios proyectos respetuosos con la Historia y la Cultura aunando líneas de investigación históricas y arqueológicas, con el reconocimiento al trabajo de aquellas personas que desarrollan su quehacer diario en el monte, con actividades industriales que aún mantienen su carácter artesanal, con las necesarias líneas de divulgación que acerquen al ciudadano todos estos mundos y que además genere tan magnífica convivencia.

Este pasado sábado 16 de febrero se ha puesto en funcionamiento el horno de brea de los Almárgenes, situado en Sierra Bermeja, en el paraje de Abrón del término municipal de Estepona. El objetivo de este proyecto ha sido la obtención de brea o pez con la que calafatear una réplica exacta de un barco fenicio que se ha construido en los astilleros Nereo de Málaga, con el aval del Museo Nacional de Arqueología Subacuática: el conocido como pecio Mazarrón II.

La puesta en marcha del horno ha prosperado gracias al tesón de varios profesionales adscritos la Consejería de Medio Ambiente, el Ayuntamiento de Estepona y los astilleros Nereo, contando con la colaboración de dos empresas comarcales para restaurar el interior del horno y proporcionar los tocones de pinos que se han usado para obtener la brea, y con la importante ayuda de Juan Cabas Benítez, vecino de Estepona, quien ejerció la profesión de peguero durante más de una década.

Han acudido además para colaborar en la puesta en marcha del horno otros tres expertos pegueros, miembros de la Cabaña Real de carreteros de Quintanar de la Sierra (Burgos), asociación que desde 1998 mantiene la tradición de la obtención de la brea o pez en un horno recuperado en el monte de Quintanar, uno de los más de treinta ligados a la fábrica de betunes que la Real Armada ubicó en el siglo XVIII en esa localidad.

Horno de brea de los Almárgenes (Sierra Bermeja)
Fotografía: De izquierda a derecha: Casimiro Ruiz Gavira, ha aportado las teas y la madera para el fuego; Diego Gutiérrez Herrera, ha restaurado el horno para ponerlo en funcionamiento; Juan Cabas Benítez, que ha sido peguero de profesión, asesoró en todo momento para realizar la hornada.

El horno de los Álmargenes ejemplifica un oficio del mundo rural hoy desaparecido, el de peguero (o pezguero) en los pinares de Sierra Bermeja. Estuvo en funcionamiento hasta los años sesenta de la pasada centuria, según cuenta Juan Cabas. Se trata de una construcción cilíndrica fabricada con peridotitas y barro enriquecido con cal, que alberga en su interior dos cámaras: la primera, fabricada en ladrillo macizo, ejerce de destilador, donde se introducía y se ha introducido este sábado, la madera a destilar; la segunda es otra cámara independiente, que rodea parcialmente a la primera y que alberga el fuego que proporciona calor al destilador. Antaño, el destilador se pintaba con una lechada que se fabricaba diluyendo en agua el amianto obtenido en las finas vetas centimétricas que se localizan rellenando fisuras en las serpentinas de Sierra Bermeja.

Con el calor, las astillas de los tocones que se introducen en el destilador empiezan a destilar la brea, que sale de él a través de una canal que comunica con un depósito externo, donde se recoge este líquido viscoso alquitranado.

Adosados al cuerpo principal del horno por el exterior se encuentran dos muros a derecha e izquierda, que en su día conformaban el soporte de una estructura vegetal a modo de techumbre, donde se refugiaban los trabajadores y se protegían a cubierto las leñas necesarias para el horno. También podían servir como rampas por las que acceder a la parte superior del destilador, por donde se introducen los tocones.

Horno de brea de los Almárgenes (Sierra Bermeja)

La brea se ha elaborado históricamente de manera artesanal, obteniendo pequeñas cantidades mediante la cocción en una marmita de las cepas, como actividad complementaria de pastores y otros oficios del monte. Este nuevo tipo de horno se empleó para producciones mayores. Juan Cabas lo conoció en funcionamiento en 1950. Él, personalmente, estuvo trabajando como peguero en estos montes hasta 1960, cuando el oficio comenzó su decadencia tras la aparición de resinas sintéticas que sustituyeron a la brea natural. Además de para calafatear barcos, como en este caso, la brea o pez tenía otros usos, como cubrir heridas en los troncos de los frutales, impermeabilizar odres, botas de cuero, toneles o cubiertas de edificios.

Juan Cabas recuerda los dos senderos que llegaban hasta el horno de los Almárgenes, desde Estepona o desde los pueblos al otro lado de las cimas de los Reales de Sierra Bermeja (Genalguacil o Jubrique). Con una recua de hasta tres mulos tardaba unas cuatro horas en llegar desde Jubrique a Estepona.

Balance

El horno se ha puesto en funcionamiento hacia las 7:30 del sábado 16/2/19. El domingo 17/2, hacia las 12:00 del medio día, empezó a salir la primera agua (esencia de trementina). El lunes 18/2, hacia las 9:00 de la mañana, el canal que procedía del destilador empezó a echar el primer humo, lo que presagiaba la salida de la brea. El martes 19/2, hacia las 9:00 empezó a salir brea; el mismo día, hacia las 19:00 ya habían salido unos 25 kg de brea. El miércoles 20/2 hacia las 16:00 horas se procedio a apagar el horno. Se han cargado unos 300 kg de teas y se han obtenido unos 50kg de brea: un 16,7% de producción.

Hornos de brea y de miera de Sierra Bermeja

Como en el caso del Horno de Mataca recuperado por la Real Cabaña de Carreteros de Quintanar, el horno de los Almárgenes de Sierra Bermeja es de los escasos hornos de brea (tal vez solo estos dos) que se han puesto en funcionamiento en España en la actualidad. Sin embargo, en los más de 300 km2 del macizo de Sierra Bermeja hay inventariados más hornos con estructura similar a este de los Almárgenes, en Genalguacil, Igualeja, Benahavís, Jubrique o Istán.

Aún más numerosos son otros hornos existentes en esta montaña de apariencia externa similar aunque normalmente de menor tamaño, con el destilador metálico, que también fueron utilizados tanto para obtener brea como para producir miera, en este otro caso utilizando ramas de enebro.

Juan Cabas Benítez, peguero en Sierra Bermeja entre 1950 y 1960
Fotografía: Juan Cabas Benítez ejerció de peguero en estos montes hasta 1960

El pecio fenicio Mazarrón II

Descubierto en 1994, el pecio Mazarrón II es un barco que se hundió en la segunda mitad del siglo VII a.C. en las aguas murcianas de Mazarrón, cuando transportaba 2.8 toneladas de litargirio (un mineral de óxido de plomo) en tortas o lingotes circulares. Su tripulación debió ser reducida, dado que por la falta de espacio las comodidades en el barco eran inexistentes. Junto al mástil, apareció un ánfora que almacenaría agua dulce, además de un molino de piedra y restos de fauna y de una espuerta de esparto.

También se localizó su ancla de madera y plomo, que es la más antigua de su tipo (de caña, cepo y uña) aparecida hasta la fecha en el Mediterráneo. Este pecio se considera el barco más completo y antiguo conocido que se ha documentado en el fondo del mar y su descubrimiento aporta una información valiosísima y única sobre la técnica de construcción naval fenicia y el comercio marítimo en la antigüedad.

Mazarrón II tiene unas dimensiones aproximadas de 8,20 m de eslora (longitud), 2,20 m de manga (anchura) y un puntal máximo de 0,90 m (altura). La construcción del barco en los Astilleros Nereo ha evidenciado su similitud con la jábega malagueña clásica: prácticamente la misma eslora, la misma manga y en ambos un puntal inferior al metro.

Sierra Bermeja como fuente de recursos abióticos

Sobre yacimientos con la misma adscripción que el pecio Mazarrón II y en relación al lugar donde se ha realizado la obtención de la brea para el calafateado, Sierra Bermeja, cabe señalar que muy cerca y a occidente de la montaña se localiza el yacimiento de los Castillejos de Alcorrín (Manilva), con una antigüedad que se remonta al siglo IX a.C. Alcorrín es uno de los yacimientos de mayor importancia para conocer el impacto de los fenicios en las comunidades locales del sur de la península ibérica.

En este caso, no solo por los recursos forestales, Sierra Bermeja y su entorno presentan también recursos abióticos potencialmente interesantes para las comunidades de finales de la prehistoria y durante la protohistoria: rocas duras como las peridotitas (para la fabricación de molinos), sílex y serpentinas, junto a recursos minerometalúrgicos para la obtención de hierro, cobre, arsénico, cromo y plata (Suárez Padilla, 2017).

La carpintería de ribera de la playa de Pedregalejo

La playa de Pedregalejo, en la costa oriental de Málaga, alberga el barrio de pescadores del mismo nombre y la importante manufactura de carpintería de los Astilleros Nereo, cuya industria de construcción y reparación de barcos hunde sus orígenes en esta playa desde antiguo. Está constatada documentalmente desde el siglo XVIII, pero también materialmente pues la jábega, la embarcación malagueña por antonomasia, tiene según algunos autores un origen fenicio. Estas razones han motivado que esta industria artesanal esté protegida como Bien de Interés Cultural, con la tipología “Actividad de Interés Etnológico”.

A la labor industrial que ejercen los Astilleros Nereo desde 1964 se añaden la de formación, a través de los cursos de su escuela-taller, y la de divulgación, tanto de la carpintería de ribera como de la pesca artesanal, a través de su museo.

Referencias:

Cristóbal Ruiz Rubio, fue peguero en Sierra Bermeja (2012)
Fotografía: Cristóbal Ruiz Rubio (padre de Casimiro Ruiz Gavira) en el año 2012, antes de la restauración del horno de los Almárgenes. Fue peguero en Sierra Bermeja

Agradecimientos:

  • Alfonso Sánchez Guitard, de Astilleros Nereo: propuso al Ayuntamiento de Estepona el proyecto de obtención de la brea y colaboró durante el proceso.
  • José Luis Ojeda Robles, Agente de Medio Ambiente, coordinador del proyecto de puesta en marcha del horno y durante el proceso de obtención de la brea. También han colaborado algunos compañeros agentes de Medio Ambiente.
  • Ildefonso Navarro Luengo, Arqueólogo Municipal del Ayuntamiento de Estepona, coordinador del proyecto de puesta en marcha del horno y durante el proceso de obtención de la brea.
  • Casimiro Ruiz Gavira, que proporcionó las teas y la madera para el fuego. Ha colaborado durante todo el proceso así como también su hermano, Valeriano Ruiz Gavira; su primo, Francisco Javier Ruiz Quirós; y su sobrino, Israel Tirado Ruiz. Su padre, Cristóbal Ruiz Rubio, ya fallecido, trabajó como peguero en Sierra Bermeja y ha estado en la memoria de su familia durante todo el proceso.
  • Diego Guitérrez Herrera (DILOR), que ha restaurado el horno para su puesta en funcionamiento. Ha colaborado durante todo el proceso así como también su hermano Andrés Gutiérrez Herrero, que colaboró con el rajado de tea, carga del horno y exhibición de corta de troncos.
  • Juan Cabas Benítez, peguero, ha asesorado para la puesta en marcha del horno y durante el proceso de obtención de la brea. También ha colaborado durante todo el proceso su hijo Diego.
  • Jesús Valadez ayudó a sacar la tea y a cargar el horno. Su padre trabajó como peguero. Su suegra ayudó a cargar hornos siendo niña.
  • Los pegueros de la Cabaña Real de Carreteros de Quintanar de la Sierra: Antonio Martín Chicote, Jacinto Aparicio Rufino y José Luis Marcos Rincón (alias “Chelio”), por su experiencia, generosidad y pasión por el bosque y por el oficio.
  • Ayuntamiento de Estepona. José María Guerrero Montes, concejal de Patrimonio, receptivo al proyecto y que lo apoyó desde el primer momento. Carmen Pérez Hinojosa, restauradora del Ayuntamiento de Estepona, que colaboró en la primera restauración. Miembros de Protección Civil y otro personal del Ayuntamiento que también ha colaborado.
  • Resto de familias, amigos y amigas que han estado animando y ayundando.
Texto e imágenes: Javier Martos, para la Plataforma Sierra Bermeja Parque Nacional