Otra parte del estudio del que informábamos hace unos días (Gutiérrez Hernández et al. 2018) referente al incremento del vigor vegetal de los pinsapares andaluces que, no obstante, están alterando sus ciclos fenológicos por el calentamiento global, se ha publicado con perspectivas más pesimistas (Oliver Gutiérrez Hernández, “Impacto del calentamiento global en la distribución y supervivencia del pinsapo -Serranía de Ronda-“, Boletín de la Asociación de Geógrafos Españoles, 76, 504-549).

Los múltiples modelos que plantean escenarios de cambio climático tienen un denominador común en su tendencia central, que en la zona de la Serrranía de Ronda prevé un aumento de las temperaturas y un incremento de la aridez del medio. El pinsapo persiste en la Serranía de Ronda por los valores mínimos de temperatura y radiación solar en esta zona, y en menor medida, por sus máximos de precipitación. Los modelos de nicho ecológico del pinsapo proyectados hacia el futuro concluyen que el pinsapo será una especie muy vulnerable ante el calentamiento global, puesto que su distribución potencial podría verse muy alterada, en tanto que las áreas más favorables retrocederían a los lugares más elevados y sombríos, pudiendo incluso desaparecer en un escenario de altas emisiones a finales del siglo XXI. Los autores proponen medidas concretas de gestión activa y adaptativa de los pinsapares y por eso apoyan la declaración del Parque Nacional de la Sierra de las Nieves, pero también apoyan la propuesta que incluye Sierra Bermeja dentro de los límites que abarcaría un gran Parque Nacional de la Serranía de Ronda, en tanto que la viabilidad de la especie estará condicionada por la existencia de una amplia superficie protegida que conecte las poblaciones dispersas y el desarrollo de una estrategia de conservación que también integre socio-económicamente (y socio-ecológicamente) los municipios del entorno en un marco común, protegiendo además una de las áreas de mayor endemicidad de la península Ibérica.