Desde la carísima autopista AP-7 se puede observar el área afectada por el incendio declarado en término municipal de Benahavís el pasado 9 de julio de 2026, que no quedó extinguido hasta cinco días después. Además, el día 11, un trágico accidente de tráfico en la propia autopista originó otro fuego prácticamente en la misma zona.
Como parte del registro de incendios forestales de la Serranía de Ronda, hemos calculado la superficie quemada, analizado la severidad del fuego y comprobado los tipos de vegetación afectados. El incendio recorrió aproximadamente 149 hectáreas y presentó una severidad baja o moderada. Quedó oficialmente extinguido el 14 de julio a las 21:00.
La peligrosa interfaz urbano-forestal
El principal riesgo de este territorio deriva de su elevado grado de urbanización y de la cercanía a zonas con un alto valor ambiental. Se trata de una extensa interfaz urbano-forestal en el límite municipal entre Estepona y Benahavís y al pie de Sierra Bermeja, donde viviendas, urbanizaciones, carreteras e infraestructuras se encuentran en contacto directo con áreas de vegetación forestal. En estos espacios, cualquier incendio puede convertirse rápidamente en una amenaza para las personas y los bienes, además de dificultar enormemente las labores de extinción y evacuación. El incendio del pasado 9 de julio obligó a desalojar a 2.053 personas.
Incendios en Sierra Bermeja y su piedemonte
Desde el punto de vista ambiental, el fuego se aproximó a menos de dos kilómetros de Sierra Bermeja y afectó a terrenos protegidos como Zona Especial Conservación de la Red Natura 2000, en las márgenes del río Guadalmansa. Ardieron unas 38,7 hectáreas de formaciones más o menos densas de coníferas y matorral, con una cobertura arbórea comprendida entre el 30 y el 60 %; alrededor de 89 hectáreas de matorral, principalmente jarales y aulagares; y otras superficies ocupadas por terrenos degradados o con escasa vegetación.
Los incendios son un problema complejo
Ante los incendios forestales conviene huir de las explicaciones simples y de los mensajes fáciles. La realidad es bastante compleja y exige tener en cuenta, al menos, algunas cuestiones fundamentales:
- Causas. La mayoría de los incendios tiene un origen humano, ya sea por negligencias, actuaciones intencionadas o accidentes. Solo una pequeña parte responde a causas naturales y una proporción aún menor es atribuible a pirómanos. Por tanto, siempre existe margen para evitarlos.
- Investigación. Las causas de los incendios siempre se investigan, pero en un Estado de derecho no basta con las sospechas o las percepciones. La existencia aparente de varios focos puede constituir un indicio, pero es necesario demostrar su origen y, en su caso, identificar al responsable mediante pruebas concluyentes. Estas son las razones por las que la fiscalía archivó la causa del incendio de Sierra Bermeja de 2021 sin poder encontrar culpable, o por las que en en el incendio de 2022 se retiró la acusación a los imputados, que al igual que en el caso de los actuales incendios de la Sierra Oeste, en el centro peninsular, hicieron uso de maquinaria pesada en condiciones extremas de riesgo de incendio.
- Gestión, no limpieza. Debe desterrarse la expresión «limpiar el monte». El monte no está sucio: es un ecosistema. Cuando resulte necesario intervenir, debe hablarse de gestionarlo. Esa gestión puede incluir actuaciones silvícolas planificadas y respetuosas con la biodiversidad de cada territorio, pero también la mejora de los accesos, la creación y el mantenimiento de puntos de agua, la vigilancia, la ordenación urbanística, la elaboración de normativas y la preparación de vías y planes de evacuación.
- Políticas. No pueden aplicarse las mismas políticas forestales de manera uniforme en todo el territorio. España posee una enorme diversidad climática, ecológica, geológica y social. La gestión debe adaptarse a las características de cada lugar, a sus tipos de vegetación, a su régimen histórico de incendios y al modo en que la población ocupa y utiliza el territorio. Del mismo modo, los aprovechamientos forestales y los usos ganaderos permitidos por la legislación deben desarrollarse de forma planificada y de acuerdo con las condiciones naturales y ecológicas de cada zona.
- Cambio climático. El cambio climático no puede entenderse como la causa directa de los incendios, que siempre necesitan una fuente de ignición. Sin embargo, el aumento de las temperaturas, episodios de lluvias intensas, las sequías prolongadas, las olas de calor y la reducción de la humedad de la vegetación crean condiciones cada vez más favorables para que cualquier fuego se propague con rapidez, alcance intensidades extremas y resulte difícil o imposible de controlar.
Quemas de residuos forestales en el Valle del Genal (Fotografía: Juan Terroba, enero de 2021)
- Nuestros montes están antropizados. Por último, los espacios forestales no pueden aislarse de las sociedades que han hecho o hacen usos de ellos. Evitar absolutamente todos los incendios no solo es imposible, sino que, en determinados ecosistemas, puede resultar contraproducente. El fuego forma parte de la dinámica natural del territorio mediterráneo y muchas especies presentan adaptaciones que les permiten sobrevivir o regenerarse exitosamente después de él. Algunas incluso dependen de determinados regímenes de fuego para completar su ciclo vital. Otras, como el pinsapo, no están adaptadas y requieren nuestra máxima atención. Lo que ha cambiado en nuestros montes en los últimos cincuenta años es el paisaje, derivado de los usos y condiciones climáticas actuales.
La cuestión, por tanto, no consiste en aspirar a un territorio sin fuegos, sino en propiciar una nueva planificación frente a la nueva dinámica de incendios, que está adquiriendo características extremas a nivel mundial, mejorar la gestión forestal, y trabajar uniendo a administraciones, sectores científicos y ciudadanía en general para conseguir que los incendios no alcancen dimensiones, intensidades y frecuencias incompatibles con la conservación de los ecosistemas y con la seguridad de quienes viven en ellos.
Informático, experto en cartografía digital y teledetección. Editor de "Sierra Bermeja, un patrimonio natural excepcional". Hasta julio de 2022 formó parte del equipo cientifico-técnico de la Plataforma Sierra Bermeja Parque Nacional. Es socio del Grupo Naturalista Sierra Bermeja (Grunsber)
Cómo citar?: Martos Martín, J., (27 de julio de 2026). «Incendio de Benahavís del 9 de julio: una amenaza grave en la interfaz urbano-forestal de Sierra Bermeja». Sierra Bermeja, un patrimonio natural excepcional. https://www.sierrabermeja.es/2026/07/27/incendio-benahavis-9-julio-interfaz-urbano-forestal-sierra-bermeja/

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